La luz de la tarde apenas se atrevía a entrar en el Salón de Té de la mansión, una estancia más íntima y acogedora que la biblioteca, decorada con terciopelo profundo y porcelana delicada. Las paredes, revestidas en una seda color burdeos oscuro, absorbían el sonido, creando un silencio casi opresivo que solo el suave tintineo de las cucharillas lograba romper. Elara se sentó en un sofá de dos plazas de terciopelo verde esmeralda junto a Duncan, su prometido, frente a Grace, la madrastra de Dun