Elara esperó hasta que Duncan desapareció por la esquina del pasillo antes de que su falsa sonrisa se desmoronara. La ansiedad era un nudo duro en su garganta, tan tenso que sentía que no podía tragar. El reloj mental que Keith le había activado hacía tictac en su cabeza. Se dio la vuelta rápidamente, sus pasos ahora más presuroso, pretendiendo dirigirse de nuevo a la biblioteca (el lugar más creíble para 'trabajar' a esa hora).
Mientras caminaba, sus pasos eran tensos y silenciosos sobre la al