—Clara, gracias por venir —dijo, extendiendo la mano de manera cordial—. Espero que la reunión anterior haya sido provechosa.
—Sí, fue muy útil —respondió Clara, devolviendo la sonrisa con naturalidad, aunque sus ojos evaluaban cada detalle de la sala y cada gesto de Martín.
Se sentaron frente a frente. La habitación estaba decorada con sobriedad: una mesa de madera oscura, sillas de cuero, una iluminación cálida que parecía diseñar un espacio seguro, aunque Clara sabía que la seguridad era rel