—Me asustaste —reprende ella.
—Así que después vas a encargarte de mí? —le susurra en el oído y luego muerde el lóbulo tironeando de él con suavidad.
—Es lo que dije —afirma—. Ahora apartere que pueden vernos —eso hace reír a Gaby.
—Luego de lo que dijiste dudo mucho que se sorprendan de encontrarnos así —insinúa apretando sus caderas—. Además, ¿por qué deberíamos ocultarnos? No somos adolescentes —se queja.
—No lo sé. Ellos solo saben que eres mi compañero.
—Ellos saben más que eso —besa su cu