Noe abre y cierra la boca como un pez fuera del agua, quiere decir algo, preguntarle si está bien, pero nada es emitido de sus labios.
—Perdón —repite el morocho mirando al suelo—. Perdón —vuelve a decir con fuerza y esta vez mirándola directo a los ojos—. Perdóname, por favor.
—Po… ¿Por qué? —cuestiona, balbuceante y confusa.
—Por todo —le responde. Se levanta de un salto para acercarse a ella, en donde vuelve a caer de rodillas y la toma de las manos—. Por lo que te hice, por lo que casi te