—También irás — Añadió Mariana, con la misma autoridad sutil.
Rusil palideció un instante, sin atreverse a contradecirla, y terminó murmurando —De acuerdo, mi señora… si es lo que deseas, no tengo inconveniente en asistir —
—Bien, los espero afuera — Dijo Mariana, con una sonrisa, mientras todos se dirigían a sus habitaciones a asearse.
Al poco tiempo regresaron y se encontraron con Mariana y Gusto, quienes los esperaban.
—Hermana, ¿A dónde debemos ir? — Preguntó Josefa, con la curiosidad reflejada en sus ojos.
—Al cambio de tréboles y tulipanes — Respondió Mariana.
Josefa frunció el ceño, recordando que ese lugar fue donde vio por primera vez a Humo. Dudó por un momento, pensando que podría ser incómodo, pero justo entonces Mariana chasqueó los dedos y en un instante ya estaban allí.
Respiró hondo, dejando escapar un suspiro de alivio —Vaya, pensé que caminaríamos hasta acá —
—Ya casi comienza — Sonrió Mariana— Quiero compartir con ustedes algo que acabo de aprender. ¿Qué les parece