—También irás — Añadió Mariana, con la misma autoridad sutil.
Rusil palideció un instante, sin atreverse a contradecirla, y terminó murmurando —De acuerdo, mi señora… si es lo que deseas, no tengo inconveniente en asistir —
—Bien, los espero afuera — Dijo Mariana, con una sonrisa, mientras todos se dirigían a sus habitaciones a asearse.
Al poco tiempo regresaron y se encontraron con Mariana y Gusto, quienes los esperaban.
—Hermana, ¿A dónde debemos ir? — Preguntó Josefa, con la curiosidad refle