Entre el suave aroma de las flores y el silencio de su mansión, el cansancio fue venciendo a Andy. Se recostó en su sofá, y sin darse cuenta, sus párpados se cerraron mientras la brisa nocturna acariciaba el jardín.
Un murmullo profundo comenzó a resonar dentro de su mente, tan antiguo como la misma magia. La luz que rodeaba el lugar se tornó dorada y, en medio de ella, apareció la figura imponente de un hechicero de túnicas blancas y ojos que parecían contener siglos de sabiduría.
Era Koran, e