Gusto se inclinó, colocando sus manos sobre el suelo donde los tréboles comenzaron a brotar, iluminándose con un tono esmeralda —Y que ningún veneno prospere donde haya vida. Que la tierra purifique lo que el mal haya tocado —
El aire vibró con un sonido leve, casi como un canto. De pronto, una columna de luz se alzó en medio del círculo y, desde ella, se expandió una cúpula translúcida que cubrió toda la ciudad. El escudo era vivo, pulsante, respiraba con el bosque y con ellos.
Andy exhaló des