—Basta de rodeos, Gusto — Replicó la matriarca, su paciencia agotándose— Dime exactamente lo que ocurrió —
El duende dio un paso al frente y alzó la voz, quebrada entre rabia y tristeza —“Es que no ves lo que has hecho, ese animal al voltear ha tirado el producto… eres una torpe… da vergüenza decir que eres un hada…” — Repitió palabra por palabra, con la furia contenida de quien ha memorizado el agravio— Así le habló tu hijo. Así la echó de su vista. Cuando la encontré, lloraba y sangraba. La cu