Y Anfu, con el semblante sombrío, solo murmuró; —Por favor… déjenos ayudarla —
La tensión en la plaza de las hadas se volvió casi sólida, como si el aire mismo se hubiese hecho denso ante la aparición inesperada. Las notas de la música se apagaron, la luz de las guirnaldas titiló, y el murmullo alegre se transformó en un susurro tembloroso. Gusto, Anfu y Andy estaban frente a Xurun y la matriarca Mildred; en las manos de Gusto descansaba un bulto frágil envuelto en luz pálida; Seina.
— Gusto, An