—Cámbienla de ropa — Ordenó Xurun con voz baja pero autoritaria— Déjenla descansar. Quiero que estén atentas a cualquier cambio. Si despierta, me avisan de inmediato. Y sean cuidadosas con sus alas. Son frágiles, y si algo le ocurre, ustedes responderán por ello. ¿Entendido? —
Las dos asintieron al unísono —Sí, mi señor —
Trabajaron con sumo cuidado, alzándola suavemente para secarla y cubrirla con un vestido de lino blanco que parecía brillar con la luz del polvo azul. Cuando la acomodaron sobr