Mildred, la matriarca, caminaba con paso sereno entre las filas de hadas que regresaban triunfantes del trabajo de invierno, pero su mirada buscaba un rostro entre todos.
—Hijo, veo que todo salió bien… — Dijo con voz calmada, aunque sus ojos denotaban inquietud— ¿Y dónde está Seina? No la veo —
Xurun, que hasta entonces parecía relajado, se tensó al instante —¿Espera… ella no está acá? — Preguntó, con los ojos muy abiertos, sintiendo cómo un escalofrío le recorría la espalda —
Mildred frunció e