—Tranquilo, pequeñito… solo quiero ayudarte — Susurró.
En un movimiento rápido, retiró la estaca. El conejo chilló y giró con violencia, su cuerpo emanando una energía desbordada. Cuando alzó la pata para golpearla, Seina apenas alcanzó a ver una sombra moverse antes de sentir un tirón brusco en la cintura.
El mundo giró.
De pronto, estaba en los brazos de Xurun.
El golpe la había dejado sin aliento; un dolor agudo le recorría el costado, pero lo ignoró al ver la mirada furiosa del líder.
—Lo l