Andy sintió el calor de esas dos presencias empujarlo hacia la vida. Las lágrimas le nublaron la vista mientras caía de nuevo hacia el mundo real.
Y al abrir los ojos, el bosque lo recibió con su luz.
Andy seguía tendido en el suelo, apenas recuperando el aliento, mientras las figuras de Siria, Mariana, Hillary, Seina, Ninf y Melany se inclinaban sobre él, cada una con la misma expresión de angustia.
—¿Andy, estás bien? — Preguntó Melany, su voz temblando con un dejo de preocupación genuina.
Él abrió los ojos lentamente, y con una sonrisa traviesa, respondió —Mis bellas niñas… estoy bien —
Con un leve esfuerzo se incorporó, pasó una mano por su cuello y, murmurando un breve hechizo de recuperar, dejó que una luz azul envolviera su cuerpo hasta que los moretones desaparecieron.
—Se divirtieron, ¿Eh, niños? — Dijo alzando la voz, mirando a los pequeños en brazos de sus padres— Espero que así jueguen con sus similares, y no conmigo —
La tensión se disolvió entre algunas risas nerviosas.