—Creo que haré lo que me has dicho — Murmuró Andy, mirando de reojo a su amigo— Le pondré un hechizo que evite que se enamore de mí por obligación —
John lo miró con cierta esperanza —Primero conversa con ella, Andy. Es inteligente; seguro encontrará una solución mejor que la que planeas —
—Bueno — Respondió Andy con una sonrisa ladeada— Arreglemos esta cena primero, y luego nos ocupamos de este asunto —
Con eso, los dos hechiceros continuaron su camino por la ciudad, llamando inevitablemente la atención por su porte y elegancia. Las compras terminaron sin contratiempos, y al llegar a la mansión, Andy comenzó a dar órdenes a sus subordinados; acomodar habitaciones, preparar la cena, asegurarse de que todo estuviera perfecto para la llegada de los invitados.
Horas después, los primeros invitados comenzaron a llegar, y John y Andy aparecieron con trajes impecables. La combinación de elegancia y confianza los hacía destacar; cualquier mirada no podía evitar posarse en ellos.
La puerta de