—No — Respondió ella, firme pero avergonzada.
—Entonces no te suelto y te beso yo — Replicó, divertido.
Josefa miró a su alrededor, consciente de que todos los observaban. Con un leve rubor, dio un pequeño beso, liberándose inmediatamente después.
—Ya… y ahora suéltame — Pidió, entre roja y molesta.
Kirli frunció el ceño, pero no dudó. Levantó su mano, alzó la cabeza de ella y sus labios se encontraron en un beso profundo, lleno de deseo y cariño. Cuando finalmente la liberó, le ofreció su mano y la condujo hacia la celebración, asegurándose de que disfrutaran de todo lo que habían preparado para la llegada de Taina.
Gusto no dejaba de besar a su esposa y a su hija mientras todos la conocían y felicitaban.
Después de tres días de celebración, todos regresaron a sus entrenamientos y a la preparación para lo que enfrentarían, cuidando siempre que Mariana permaneciera tranquila bajo las indicaciones de su patriarca.
Durante la semana siguiente, Anfu se mostró algo distraído en el bosque,