—No — Respondió ella, firme pero avergonzada.
—Entonces no te suelto y te beso yo — Replicó, divertido.
Josefa miró a su alrededor, consciente de que todos los observaban. Con un leve rubor, dio un pequeño beso, liberándose inmediatamente después.
—Ya… y ahora suéltame — Pidió, entre roja y molesta.
Kirli frunció el ceño, pero no dudó. Levantó su mano, alzó la cabeza de ella y sus labios se encontraron en un beso profundo, lleno de deseo y cariño. Cuando finalmente la liberó, le ofreció su mano