Justo acomodó a Ninf en la cama, se recostó a su lado y le acarició el cabello apenas regresaron a su hogar. No sabía cuánto tiempo tardaría en despertarla, pero estaba decidido; esta vez, no la dejaría dormir sola.
Wesly entró a la habitación, preocupada por el silencio que reinaba. Justo le explicó todo lo ocurrido; la enfermedad repentina de Ninf, la intervención de Sujhan, la conversación con los trillizos y las duras verdades que había escuchado. La matriarca lo escuchó con atención, con esa mezcla de serenidad y juicio que la caracterizaba, y antes de irse le preguntó en voz baja: ¿Qué pensaba hacer para recuperar a su esposa?
Él no respondió de inmediato. Se quedó en silencio, observando el rostro dormido de Ninf, meditando en todo lo que había pasado. Wesly suspiró, lo acarició en el hombro y salió del cuarto, dejándolo a solas con su conciencia.
El tiempo pasó despacio. Justo, agotado, terminó quedándose dormido junto a ella. Hacía días que no la tenía entre sus brazos; hacía