—Castiguen a estas centauras — Ordenó sin apartar la mirada de Milor— Que recuerden su posición en el clan y las reglas que juraron respetar — Con eso se fue de lugar.
—Sí, mi señora —
Las prisioneras fueron arrastradas entre susurros de desaprobación. Las miradas de los demás centauros eran frías; pocos se atrevían a cuestionar la decisión de la matriarca.
Siria, observando desde la distancia junto a los demás, frunció el ceño —Esto es un problema — Murmuró— Ahí van cinco desertoras —
El ambie