No pasó mucho antes de que nuevos destellos llenaran el lugar; Gusto y Mariana emergieron desde un gran hongo que brotó de la tierra, Anfu y Siria aparecieron desde el tronco de un árbol cristalizado, y Melany y Kiny surgieron del mar, trayendo consigo a la pequeña Korina en brazos.
John, a lo lejos, observaba la escena con frustración. Aquella paz aparente solo le recordaba lo peligrosa que era la misión. Sin embargo, ver que todas las mujeres portaban las pulseras lo tranquilizó; era información valiosa que Lessandro debía saber.
Al otro extremo de la plaza, un grupo de mujeres se mantenía aparte; Yulia y sus cuatro aliadas: Tatiana, Kimberly, Rosa y Leticia. Con la clara intención de provocar. Tenían una sola orden; hacer enojar a Hillary y evitar que completara la entrega espiritual a Milor.
—Hillary, buenas tardes — Saludó Leon, un centauro alto y de sonrisa calculada.
—Leon, qué bueno verlo — Respondió ella con cortesía, sin percibir la trampa.
Milor la observó con cautela, nota