Gusto intentó razonar, acercándose un poco a ella —Pero amor, todo ha sido un malentendido. Quiero acostarme a tu lado, darte besos como siempre y tocar tu vientre para consentir a nuestro bebé — Su voz se suavizó, suplicante.
Mariana se dejó caer en la cama, bostezando y cubriéndose con la manta —No quiero, ve al sillón — Dijo con firmeza, agotada y sin energía para discutir.
—Mi amor… — Susurró Gusto, acercándose un poco más, pero ella lo detuvo con un gesto.
—Estoy cansada, ve al sillón. Hoy