Gusto intentó razonar, acercándose un poco a ella —Pero amor, todo ha sido un malentendido. Quiero acostarme a tu lado, darte besos como siempre y tocar tu vientre para consentir a nuestro bebé — Su voz se suavizó, suplicante.
Mariana se dejó caer en la cama, bostezando y cubriéndose con la manta —No quiero, ve al sillón — Dijo con firmeza, agotada y sin energía para discutir.
—Mi amor… — Susurró Gusto, acercándose un poco más, pero ella lo detuvo con un gesto.
—Estoy cansada, ve al sillón. Hoy no lo quiero conmigo — Repitió, con determinación.
Gusto tragó saliva y se resignó, aunque el gesto le incomodaba; estaba acostumbrado a dormir junto a ella. No quería verla molesta ni llorando, así que tomó la almohada con cuidado y se retiró al sillón, dejando que Mariana se acomodara.
Ella trató de dormir, pero su mente daba vueltas y vueltas durante horas. Suspira con frustración, y aunque estaba molesta, no pudo evitar extrañar la cercanía de Gusto. Sin embargo, se mantuvo firme, y después