Nifelex, observando sus gestos, se sintió intrigado —Dinea, debes estar muy contenta… nuestro señor está a punto de tener a sus hijos. ¡Pronto podremos verlos en cuanto nazcan! — Comentó, intentando leerla.
Ella respondió con una leve sonrisa, la misma que ocultaba más de lo que mostraba.
—Sí, me pone contenta… y me encantaría tener la oportunidad de darles de comer —Dijo, con un tono que dejó a Wesly inquieta. Desde que Dinea comenzó a trabajar con ellos, su comportamiento había cambiado; parecía mucho más estratégica, calculadora, y concentrada en cada movimiento de Justo.
—¡Ya dejen las tonterías y presten atención! — Intervino Wesly, la matriarca de los ninfos, con voz autoritaria— Nos están atacando —
Mientras tanto, los centauros eran los únicos capaces de resistir los efectos del resplandor de los cristales y enfrentar a los atacantes de oscuridad. La capa natural de su piel los protegía, aunque los cristales fueran oscuros, y por ahora eran la defensa más eficaz del grupo.
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