Aria parpadeó varias veces, intentando adaptarse a la luz brillante que penetraba en sus ojos.
—Menos mal que estás despierta, Aria —dijo alguien al lado de Aria, suspirando de alivio. La visión de la mujer aún era borrosa, lo que dificultaba ver con claridad de quién se trataba.
—¿Hans? —susurró Aria a medida que su vista comenzaba a enfocarse.
—Sí, Aria. Soy yo —dijo Hans, sosteniendo suavemente la mano de Aria. El hombre se veía muy preocupado.
Aria despertó de inmediato, recordando el últim