Y justo en ese momento, el maldito asesino la estaba abrazando por la espalda. Había un pánico atroz que Elena luchaba con todas sus fuerzas por camuflar. Pero sus ojos no sabían mentir, y la verdad es que extrañaba un chingo tener a Jayden a su lado. Esa era la única y estúpida razón por la que todavía se dignaba a recibirlo con tanto cariño, haciendo de cuenta que no pasaba absolutamente nada malo.
El inmenso amor que sentía por él seguía pesando muchísimo más que el perro miedo que le causab