—¡Tara! —llamó Aria.
—Sí, señora —respondió Tara al llegar frente a ella. La joven se quedó algo sorprendida por la escena: Aria estaba llorando y Hans parecía completamente abatido.
—Por favor, acompaña al Sr. Hans a la salida —ordenó Aria, retirándose de la estancia sin esperar siquiera la respuesta de su empleada.
Hans solo pudo soltar un pesado suspiro mientras veía a Aria marcharse. La mujer ni siquiera se molestó en mirar atrás.
—Venga, Sr. Hans. Lo acompañaré a la terraza —dijo Tara con