ALEXANDER HAMPTON
Volví al departamento unas horas después. El sol ya se estaba poniendo, tiñendo el cielo de naranja y morado, colores que generalmente amaba, pero que hoy parecían moretones.
Fui directo a la habitación. Solo quería quitarme los zapatos, acostarme y dormir hasta el lunes.
Abrí la puerta.
Lizzy estaba ahí.
Estaba acostada en mi cama, de lado, abrazada a una de mis almohadas. Todavía llevaba la ropa con la que había ido a ver a Damian, pero sus zapatos estaban en el piso.
Cuando