ALEXANDER HAMPTON
La luz de la mañana entraba por las rendijas de la cortina del cuarto de Lizzy, dibujando líneas de polvo dorado en el aire. Pero mi visión favorita no era el amanecer sobre Manhattan. Era el enredo de cabellos oscuros esparcidos sobre mi pecho y el peso caliente y sólido de su cuerpo presionado contra el mío.
Lizzy dormía profundamente. Su respiración era un ritmo suave y constante que parecía calmar mi propio corazón. Un brazo suyo estaba arrojado sobre mi cintura, y su ma