ALEXANDER HAMPTON
Observé a Lizzy caminar hacia el baño, y fue como ver una película en cámara lenta. El diminuto vestido negro, el balanceo de sus caderas, la forma en que la luz estroboscópica parecía aferrarse a ella. Podía sentir su sabor en mi boca y quería que regresáramos a casa.
Tenía calor. El aire en el club era espeso y rancio, con olor a sudor, humo de hielo seco y alcohol derramado. Pero el calor que sentía venía de adentro, y comenzó en el momento en que puse mis manos sobre ella.