ALEXANDER HAMPTON
Dicen que el amor ciega. Yo no estoy para nada de acuerdo. El amor no te deja ciego, pero te vuelve estúpido.
Esa fue la única conclusión lógica a la que llegué mientras estaba parado en el borde de una plataforma de metal, a cincuenta metros de altura, con una cuerda elástica gruesa atada a mis tobillos y el viento cálido de Tailandia golpeándome en la cara.
Allá abajo, un lago artificial verde esmeralda parecía un charco de agua visto desde un microscopio.
— ¿Está listo, señ