ELIZABETH WINTER
Si Tailandia fue un sueño dorado y sedoso, Vietnam nos golpeó como un despertador ruidoso, vibrante y con olor a tubo de escape mezclado con cilantro.
Aterrizamos en Hanói bajo una llovizna fina que transformaba la ciudad en una pintura de acuarela gris y verde. El viaje del aeropuerto hasta el Barrio Antiguo fue una experiencia cercana a la muerte cada treinta segundos. El concepto de carril de tránsito aquí parecía ser solo una sugerencia artística, no una regla.
Eran ríos de