DAMIAN WINTER
El informe cayó sobre mi escritorio al final del turno, entregado de forma discreta por el guardaespaldas que se turnaba en la puerta de la cafetería.
Abrí el sobre y, conforme leía, una rabia fría se apoderó de mí.
Sophie había ido a la cafetería.
Mi mandíbula se tensó y cerré los puños sobre el papel. No necesitaba muchos detalles para entender qué había hecho allí. Sophie no era el tipo de mujer que perdía el tiempo en “visitas inocentes”. Si había cruzado esa puerta, había sid