DAMIAN WINTER
Se derrumbó sobre mí como si todo su cuerpo hubiera perdido la fuerza. Su rostro escondido en mi cuello, los mechones rubios cayendo en ondas suaves sobre mi piel. Me quedé inmóvil, escuchando cómo su respiración agitada e irregular se calmaba poco a poco.
No me corrí. Ni falta que me hace. Solo con verla así, entregada, exhausta, vulnerable entre mis brazos, ya es tan satisfactorio como cualquier orgasmo. Incluso más.
Mi mano, casi por instinto, se deslizó hasta su cabello, enred