STELLA HARPER
La puerta del coche se abrió despacio, como si el tiempo se hubiera ralentizado solo para torturarme.
Lo primero que vi fueron las botas de tacón, después el borde de un abrigo beige que caía perfecto hasta la rodilla. Levantó el rostro y, cuando la luz de la farola le iluminó las facciones, se me cortó la respiración.
— Me costó un poco encontrarte, Stella Harper. — Su voz sonaba juguetona, sin ninguna hostilidad; en realidad, parecía la de alguien que había ensayado esa frase du