ALEXANDER HAMPTON
Al empezar a despertar, lo primero que senti fue el frio.
El calor que irradiaba de Lizzy, que habia sido mi cobija personal, desaparecio. Tantee con los ojos aun cerrados, mi mano toco la sabana de seda vacia y entonces mis ojos se abrieron.
— ¿Lizzy? — mi voz salio ronca y aspera.
Me sente y mire a mi alrededor. En la mesa de noche, estaba mi bloc de notas amarillo.
Lo tome y no pude contener una risita. Su caligrafia era exactamente como la esperaba: puntiaguda, impaciente,