STELLA HARPER
Es hoy. El gran día.
La suite principal de nuestra casa no olía a café ni a las prisas de una mañana normal, sino a laca para el cabello, al delicado perfume de los lirios y a burbujeante champán.
Afuera, el equipo de organizadores transformaba nuestro jardín en un sueño, pero aquí adentro, en mi santuario, era donde ocurría la verdadera magia. Leah se inclinaba sobre la mesa de maquillaje, inspeccionando cada brocha del maquillista.
—Si arruinas ese delineado, juro que voy a opon