STELLA HARPER
Leah estaba jadeando, parada en la puerta de la habitación. Abrí los ojos de par en par, sintiendo que el estómago se me revolvía.
—¿Qué pasó? —pregunté; mi voz sonó más aguda de lo que pretendía.
Cerró la puerta tras de sí, como si quisiera asegurarse de que nadie más escuchara, y se acercó de prisa.
—Ustedes dos están en todos los tabloides de chismes del país.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
—¿Cómo que... todos los tabloides? —balbuceé—. ¿Qué están diciendo?
Leah me m