El ambiente en el pasillo del tercer piso del hospital cambió de forma drástica. El silencio de la noche, que hasta hacía un instante solo estaba acompañado por el tenue zumbido del sistema de calefacción, desapareció por completo, reemplazado por una atmósfera tan pesada que oprimía el pecho. El aire parecía haberse congelado, dejando un vacío saturado de una intimidación invisible.
Las miradas de ambos hombres se encontraron, igual de afiladas, igual de reacias a retroceder aunque fuera med