Esa noche.
Livia estaba sentada al borde de la cama de Starlla.
La lámpara de noche, ubicada en una esquina de la habitación, proyectaba una tenue luz que iluminaba el rostro de su hija, profundamente dormida. La respiración suave y regular de Starlla llenaba el silencio, mientras la pequeña murmuraba de vez en cuando entre sueños.
Con delicadeza, Livia acarició el cabello de Starlla.
Su mirada estaba colmada de ternura.
—¿Mommy está realmente bien...? —susurró en voz baja.
En realidad,