Aquella mañana, Livia intentó seguir con su rutina como de costumbre. Llevó a Starlla a la escuela con una sonrisa serena y besó la frente de su hija antes de despedirse.
—¿Mommy vendrá a recogerme después? —preguntó Starlla.
—Por supuesto, cariño. Mommy vendrá por ti.
—¿Lo prometes?
Livia sonrió con dulzura.
—¿Cuándo Mommy no ha cumplido una promesa?
Starlla soltó una risita antes de correr hacia el interior de la escuela, porque, en realidad, su Mommy siempre cumplía lo que prometía.