Damian seguía inmóvil, con la mirada fija en la vieja fotografía que descansaba sobre la mesa.
La habitación volvió a quedar envuelta en el silencio.
El sonido de la lluvia golpeando el techo de lámina se hacía cada vez más intenso, estrellándose sin cesar como un estruendo que acompañaba la revelación de un gran secreto. El viento que se filtraba por las rendijas de la ventana hacía que las cortinas se mecieran lentamente, mientras la tenue luz de la lámpara proyectaba largas sombras en cad