Todo se estaba saliendo de control. Laura no había ido sola: dos mujeres más la acompañaban, y todas parecían recién salidas de un ritual de venganza.
—¡¿Esa pelirroja es tu nueva golfa?! —bramó Laura como una posesa, señalando a Verónica con los ojos inyectados de rabia.
—No te debo ninguna explicación —le espetó Javier con el rostro endurecido—. Esta relación se quebró hace tiempo. Así que lárgate. No quiero verte ni un segundo más.
—¡No me iré hasta sacarle los ojos a esa desgraciada roba no