Mundo ficciónIniciar sesiónEl pasillo de vuelta a mis aposentos se sentía como un túnel de hielo. Caminé con la barbilla alta, la columna tan rígida que parecía que pudiera partirse, y una cara tan lisa e imperturbable como una estatua de mármol. Pasé junto a dos doncellas susurrando junto a un tapiz; se callaron al deslizarme yo por su lado, los ojos siguiendo el dobladillo del vestido de seda. No les di nada. Ni una lágrima, ni un







