HOLLY
—¡Hay, está hermoso!
—Pero aún le falta algo—dijo la encargada, trayendo consigo la parte trasera del vestido, y otra de ellas traía el velo.
—No quiero llorar—exclamó mi hermana.
—No empieces, no es algo triste.
—Ya, ya, hija, no derrames lagrimas que es de mala suerte.
Escuchamos otro moqueo, este provenía de Cherise, quien se percató de que todas las miradas estaban en ella.
—¿Qué? —sorbió la nariz—, para mi es el primer hijo que se casa—se cubrió el rostro— y saber que Holly ahora es