DAKOTA
—Esto es vida—exclamó mi madre tumbándose en un camastro.
Ella había contratado a un chico masajista para que estuviera a su lado, un alto hawaiano en bikini rojo.
Si me tentaba a buscar un chico así.
Coloqué mi coco sobre mi barriguita, mientras me acomodaba los lentes oscuros.
Ya teníamos cuatro días aquí, explorando la isla, atiborradnos de comida, nadando, disfrutando del clima, haciendo sesiones de fotos con mi pancita floreada.
—Mamá.
—Sí, mi amor—emitía sonidos de gusto, cuando K