Al día siguiente, cuando abro los ojos y me veo sola en la inmensa habitación, me quiero morir. No quiero estar aquí un segundo más, me siento demasiado incómoda. No quiero enfrentarme al ogro y mucho menos discutir con él.
Tras darme una ducha, me pongo lo primero que encuentro y salgo de la habitación. La enorme casa está sumida en un silencio sepulcral y eso me pone nerviosa.
Entro en la cocina y me encuentro con la nana quien me saluda como siempre con mucho cariño.
—Hola, linda, ¿cómo has