Nos reímos por lo que ha dicho su madre. Seco mis lágrimas y regresamos adentro nuevamente.
Me siento donde estaba antes y ese señor no me quita el ojo de encima, es como si estuviera esperando que hiciera algo mal para entrar nuevamente en acción y eso me deja desconcertada. Edward, toma el anillo de la mesa, me lo va a colocar cuando lo freno y le digo que no lo necesito.
El resto del almuerzo ignoro al viejo, creo que lo mejor será no verlo y tratar de mantenerlo en la raya mientras pueda.