~LEO~
Habían pasado varias semanas desde aquella noche en la que le pedí ser mi novia y la besé, pero cada vez que la veía sonreír, tenía la misma sensación de la primera vez que la besé.
Como si todo dentro de mí se acomodara. Como si, por primera vez, las cosas fueran exactamente como debían ser.
El sol caía alto sobre el campo, iluminando los senderos que conocía de memoria, pero ese día no estaba pensando en el rancho, ni en el trabajo, ni en nada de lo que normalmente ocupaba mi cabeza.