~SHELIA~
Leo se detuvo frente a un enorme roble del desierto que había nacido torcido y cuyas ramas llegaban al suelo. Lo conocía bien porque habíamos jugado muchas veces en él cuando éramos más pequeños. No sentamos en la rama más baja, uno al lado del otro, con las piernas colgando un poco y parcialmente ocultos entre las hojas, desde donde las luces de la fiesta se veían más suaves, más lejanas.
Por un momento, ninguno dijo nada y yo podía escuchar los latidos de mi corazón.
—Te ves h