Viviana
A veces la realidad se asemeja a un espejo que reposa en el borde de un acantilado, donde una suave brisa es capaz de causar que se rompa en mil pedazos, y eso sucedió con nosotros.
Estábamos en calma, viviendo como una familia normal; ya estábamos haciendo planes para reemplazar las paredes de lata por muros de ladrillo y, precisamente, una tarde Juan llegó hablando muy extraño.
—No puede ser este mequetrefe; está borracho. —Viviana alistó una escoba para golpearlo.
—No, Linda, le juro