El miércoles amaneció con Valeria sintiendo como si hubiera envejecido diez años en una semana. Bajó a la cocina encontrando a Enzo e Isabella desayunando en silencio incómodo, cada uno en extremos opuestos de la isla, respetando meticulosamente los límites establecidos dos noches atrás.
—Buenos días —murmuró Valeria, dirigiéndose directamente a la cafetera.
El café era lo único que tenía sentido últimamente.
Su teléfono sonó mientras vertía la segunda taza. Número guardado: Palacio Real. Valeri