El sábado amaneció con cielos grises que amenazaban lluvia pero nunca la entregaban, dejando el aire pesado y eléctrico. Isabella había pasado la noche del viernes encerrada en su habitación, negándose a salir incluso para comer. Valeria había intentado llevarle una bandeja con sopa, pero la había encontrado intacta en el pasillo a la mañana siguiente.
Fue Enzo quien finalmente logró que abriera la puerta cerca del mediodía, tocando suavemente y diciendo su nombre con esa voz que Valeria reconoc